domingo, 21 de junio de 2009

/ Economía Empresarios urbanos y rurales reconocen sus capacidades

El kilo de lana cuesta Bs 1, informa un campesino productor a la consulta de un empresario exportador. Es muy barato, le contesta inmediatamente. Luego de unos minutos de negociar, acuerdan que es posible vender el kilo en Bs 8, previa selección de la fibra. Una fábrica de frazadas comprará 10.000 kilos.

Para los dirigentes de la Federación Única de Trabajadores Campesinos Túpac Katari es oportuno saber que el mercado nacional paga ocho veces porque están interesados en producir lana y volver al área rural.

“Poner en contacto al productor con el comprador beneficia a ambos. Lo interesante es que esto no les dijeron en un curso de capacitación, un seminario, le dijo su cliente directo”, puntualizó la directora de la Fundación Feria a la Inversa, Flavia Jiménez.

Los empresarios ahora saben que hay más productos que pueden adquirir en el país. Laboratorios farmacéuticos compran aceite de motacú destilado paceño, propóleo y miel de abeja chuquisaqueña. Las industrias alimenticias cuentan con sal certificada o zanahorias deshidratadas. Otras fábricas consiguieron maquinaria que mejora el proceso industrial.

Estos negocios se lograron en la tercera versión de la Feria a la Inversa Empresarial realizada en El Alto, donde 50 grandes empresas presentaron sus requerimientos de compras a pequeñas empresas urbanas y rurales y asociaciones de productores de los nueve departamentos.

“Han superado las 14.000 ofertas. En las dos anteriores ferias no habíamos llegado a 7.000 ofertas”, es una muestra de la consolidación de esta metodología, destacó Jiménez.

Ante esa demanda, 1.700 pequeñas empresas registraron sus ofertas; la mitad de ellas provenían del área rural; estaban representando a 4.000 productores.

La primera Feria a la Inversa se realizó el 2004. Hasta el momento, 71 ferias permitieron compras del sector público y tres para las grandes empresas.

Conectar al productor con el comprador no fue tarea fácil. Aún resta eliminar totalmente la desconfianza respecto a la calidad, cantidad y tiempo de entrega de la producción nacional.

En estos cinco años, se logró generar e implementar normativa legal que permite a las instituciones públicas convocar este tipo de compras. En un principio podían utilizar un monto de 20.000 dólares o 160.000 bolivianos; se lograron 66 contratos. Ahora, la norma no tiene techos presupuestarios, pero se debe respetar el plazo de la convocatoria. En la última feria de la Prefectura de Tarija, se firmaron 1.004 contratos públicos.

“Hemos logrado desarrollar mejores metodologías, para que se pueda ejecutar más rápido la inversión pública. Grandes, medianos y pequeños empresarios compiten, en igualdad de oportunidades, y se adjudican contratos en el marco del Decreto Supremo 29190”, enfatizó Jiménez.

Así, la Feria a la Inversa Empresarial consolida la enorme convocatoria que tiene para las pequeñas empresas.

El conocimiento de la metodología es un paso fundamental para la participación. Sin embargo, no es suficiente porque existe un proceso de capacitación previo. Luego, el productor es acompañado hasta que cobra por su trabajo, con acciones que facilitan el acceso a financiamiento y apoyo de expertos.

Pro Rural otorga créditos de hasta el 40% del contrato adjudicado. Organismos internacionales como la CAF, BID, SNV e instituciones nacionales como CEDES y Fundación Nuevo Norte apoyan a la Fundación.

La crisis mundial es una oportunidad para mirar las cualidades costo-beneficio del mercado interno, concluyó Jiménez.

Feria exportable

Difusión • El apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo va más allá de la realización de las ferias a la inversa en el país y decidió difundir en otros países de la región la metodología boliviana. El inicio de este proyecto de expansión se realizaría entre julio y agosto del 2009.

Interesados • Entre los países que aplicarán las ferias a la inversa para las compras públicas y privadas se encuentran Honduras y Guatemala.

Mercados • Para la Fundación Feria a la Inversa es importante mostrar que es posible abrir mercados internos y lograr que se puedan firmar contratos entre grandes y pequeñas empresas, tanto del área urbana como rural de los países en desarrollo.

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